La forma en que los dientes superiores e inferiores encajan al cerrar la boca no solo influye en la sonrisa. También puede afectar la forma de masticar, hablar, respirar y hasta la relación entre los maxilares y el rostro. A ese encaje se lo conoce como mordida, y cuando presenta alteraciones se habla de maloclusión.
Muchas personas conviven con problemas de mordida sin saberlo con exactitud. Algunas notan que sus dientes “no cierran bien”, otras perciben una mandíbula desviada, una sonrisa asimétrica o dificultad para masticar. En ciertos casos, estas alteraciones pueden corregirse con ortodoncia. En otros, cuando existe un componente estructural importante, puede ser necesaria una valoración dentro del área de cirugía maxilofacial.
¿Qué es una maloclusión?
Una maloclusión es una alteración en la forma en que se relacionan los dientes y los maxilares al cerrar la boca. No siempre implica solo una posición dental irregular. En algunos pacientes, el problema también puede estar en la relación entre el maxilar superior y la mandíbula.
Por eso, no todas las maloclusiones se ven igual ni se tratan de la misma forma. Algunas son leves y otras pueden influir en la función oral, la estética facial o la estabilidad de la mordida.

Mordida abierta
La mordida abierta ocurre cuando, al cerrar la boca, ciertos dientes no logran entrar en contacto como deberían. Suele notarse más en la parte anterior, donde queda un espacio visible entre los dientes superiores e inferiores.
Esta alteración puede relacionarse con hábitos orales, crecimiento esqueletal o desequilibrios en la posición de los maxilares. En algunos casos genera dificultad para cortar alimentos, alteraciones en el habla o cambios visibles en la forma en que el paciente cierra la boca.
Mordida cruzada
La mordida cruzada aparece cuando uno o varios dientes superiores cierran por dentro de los inferiores, en lugar de hacerlo por fuera como corresponde. Puede presentarse en la zona anterior, posterior o en ambas.
Cuando no se corrige a tiempo, puede favorecer desgastes, desviaciones funcionales al cerrar la boca y cambios en la relación entre maxilar y mandíbula. En ciertos pacientes también se asocia con asimetrías faciales progresivas.

Mordida profunda
La mordida profunda se presenta cuando los dientes superiores cubren en exceso a los inferiores. En algunos casos esto puede generar desgaste dental, sobrecarga funcional o una sensación de cierre demasiado “encajado”.
Aunque a veces se percibe principalmente como un problema dental, también puede estar relacionada con el patrón esqueletal del paciente y con la forma en que se desarrollaron los maxilares.

Mordida borde a borde
En la mordida borde a borde, los dientes superiores e inferiores contactan directamente entre sí al cerrar, sin la sobreposición normal. Esto puede aumentar el desgaste, generar inestabilidad o reflejar una alteración en la relación entre los maxilares.
No siempre se trata de una maloclusión severa, pero sí requiere valoración para entender si existe un componente funcional o estructural que deba corregirse.
Maxilar Prominente / Mandibula Retraida
En algunos pacientes, el problema no se limita a cómo se acomodan los dientes. También puede notarse en la posición general de la mandíbula.
Un maxilar prominente puede dar la impresión de que la parte inferior del rostro está adelantada, mientras que una mandíbula retraída puede generar un perfil más posterior o una sensación de falta de proyección. Estas características pueden influir tanto en la mordida como en la armonía facial.
Cuando el origen es esqueletal, no siempre basta con mover dientes. Ahí es donde puede entrar en juego una valoración de Cirugía ortognática.

Asimetría facial
La asimetría facial puede relacionarse con alteraciones en el crecimiento o en la posición de los maxilares. A veces se percibe como una desviación de la mandíbula, una sonrisa desnivelada o diferencias visibles entre ambos lados del rostro.
No todas las asimetrías requieren tratamiento quirúrgico, pero sí es importante valorarlas correctamente cuando afectan la mordida, la función oral o la estabilidad del caso.

¿Todas las alteraciones de la mordida se corrigen igual?
No. Esa es una de las ideas más importantes.
Hay maloclusiones que pueden tratarse solo con ortodoncia, mientras que otras requieren una evaluación más amplia porque existe un componente estructural en la posición de los maxilares. En esos casos, el tratamiento puede involucrar un enfoque combinado, especialmente cuando existen alteraciones que forman parte de las indicaciones de la cirugía ortognática.
Por eso, ver una mordida alterada no alcanza para definir el tratamiento. Lo importante es entender por qué ocurre y qué estructuras están involucradas.
¿Qué señales pueden indicar que conviene una valoración?
Algunas señales que pueden justificar una valoración especializada son:
- dificultad para cerrar correctamente la boca,
- mordida que no encaja de forma estable,
- asimetrías visibles al sonreír o al hablar,
- mandíbula desviada,
- desgaste dental por mala relación entre ambas arcadas,
- problemas funcionales al masticar.
Estas alteraciones no siempre significan que una persona necesite cirugía, pero sí justifican una evaluación que permita definir si el problema es dental, funcional o estructural.

¿Cuándo conviene buscar una valoración especializada?
No todas las maloclusiones tienen la misma causa ni requieren el mismo tratamiento. Algunas alteraciones pueden corregirse con ortodoncia, mientras que otras necesitan un análisis más profundo de la relación entre los dientes, el maxilar y la mandíbula.
Cuando existe un componente estructural importante, la valoración permite determinar si el problema puede resolverse con un tratamiento ortodóncico o si requiere un abordaje quirúrgico. En estos casos, también resulta útil comprender la diferencia entre cirugía ortognática y cirugía ortofacial, ya que ambos conceptos pueden aparecer al investigar opciones para corregir alteraciones de los maxilares y del rostro.
Reconocer a tiempo los cambios en la mordida, la dificultad para masticar o las asimetrías faciales ayuda a definir un plan de tratamiento más preciso y adaptado a las necesidades de cada paciente.
